DESASTRE – Un potente terremoto de magnitud 6.3 sacudió el norte de Afganistán en la madrugada del lunes, cerca de Mazar‑e Sharif, con epicentro en la provincia de Balkh y una profundidad estimada de 28 km.
Hasta ahora se confirmaron al menos 20 muertos y más de 640 heridos, aunque las autoridades reconocen que los números podrían subir mientras intentan alcanzar áreas remotas y montañosas.
Una de las imágenes más simbólicas del desastre es el daño sufrido por la famosa Mezquita Azul de Mazar‑e Sharif, un icono histórico y religioso que resultó parcialmente destruido.
Las condiciones del terreno y la infraestructura empeoran la situación: muchas casas en esa región son de barro o construcción ligera, sin refuerzos antisísmicos, lo que agrava el impacto del temblor. Además, el invierno afgano se aproxima y miles de familias quedan expuestas sin refugio adecuado, lo cual podría agravar la emergencia humanitaria.
La movilización de rescate y ayuda está en marcha: la agencia de desastres nacional de Afganistán y hospitales fueron puestos en alerta, mientras la comunidad internacional anuncia apoyo inicial. Pero la respuesta se ve limitada por la geografía del país y por la gobernanza complicada bajo el régimen talibán.
Este sismo se suma a una serie de eventos sísmicos en la región que ya habían dejado miles de víctimas, lo que evidencia la vulnerabilidad de Afganistán ante estos fenómenos. La lección es clara: la fragilidad estructural, el aislamiento geográfico y la falta de preparación convierten cualquier temblor en una tragedia ampliada.
Por lo pronto, la tarea más urgente es rescatar atrapados, atender heridos y asistir a quienes perdieron su hogar. Luego vendrá reconstruir, reforzar y prepararse mejor para la próxima vez.
Sismo de magnitud 6.3 sacude el norte de Afganistán y deja decenas de muertos
