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martes, julio 23, 2024
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    Los vecinos disfrutaron de la impresionante velada en la Fogata de San Juan de Maschwitz

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    ARDE JUAN – El fin de semana se llevó adelante la 13a. edición de la Fogata de San Juan de Maschwitz, con el lema «Amaru, la serpiente sagrada». El parque Papa Francisco se colmó de vecinos interesados de participar en la actividad, que año a año va incrementando tanto en público, como en la espectacularidad de la puesta en escena.

    Comenzó con la Procesión del Muñeco partiendo desde el Paseo Mendoza, que fue acompañado por cientos de vecinos quienes caminaban, danzando, al ritmo de los tambores y demás instrumentos.

    La llegada del muñeco «Amarú» fue anunciada por un hombre provisto de un corno, subido a las tarimas apiladas y listas para arder, llamando a los visitantes a participar de la ceremonia del fuego «transmutador», como indicaron los organizadores, «pidiendo al universo que se lleve lo que tenga que irse y que venga paz y luz para iluminar el camino de nuestra existencia».

    «Queremos, a través de una nueva quimera artística, resonar en lo esencial de reconocernos hijos de la naturaleza. Honrarla y agradecerle y de algún modo, instarnos a dar lo mejor de cada uno en estos tiempos difíciles».

    El inicio de las llamas, que poco a poco fueron devorando el escenario hasta llegar a la serpiente sagrada, que este año se llevó las miradas y asombro de todos por la espectacularidad del trabajo llevado adelante por los organizadores y colaboradores del evento.

    Amaru

    En la mitología andina, el Amaru es una serpiente mítica, a menudo descrita como un ser con elementos de ave y felino, además de su forma de serpiente. El Amaru es una criatura poderosa que simboliza la fertilidad, el agua y la vida. Se cree que vive en lagos, ríos y en las montañas, y es un ente benefactor que trae lluvias y fertiliza la tierra, pero también puede ser destructivo si no es respetado.
    s una deidad que se relaciona con la economía del agua que riegan las tierras agrícolas, simbolizando la vitalidad del agua y las lluvias que permite la existencia del pueblo aimara. Así la deidad Amaru simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo aquello que compone la vida está escrito en las escamas del Amaru.

    Su fiesta, se realiza en el mes de agosto cuando se produce la limpieza de los canales de irrigación, siendo el cabeza de familia quien oficia de celebrante. Los cultos de Amaru, Mallku y Pachamama son las formas más antiguas de celebración que los aimaras aún realizan en la actualidad.

    La noción de Amaru asociado a las aguas ha tenido mutaciones y, en cuanto a «serpiente voladora» (algo que por convergencia es similar a las deidades mesoamericanas Kukulkan o Quetzalcoatl) también simboliza a las exhalaciones o rayos que caen del cielo (considerados muchas veces como fertilizadores de la tierra): de hecho el nombre quechua Túpac Amaru significa «preclaro serpiente», o «encuentro de serpientes.»

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