A pocos días del inicio del certamen, la obra principal prometida por el gobernador Wilfredo Oscorima registra apenas un 22% de avance.
Contraloría detectó pagos irregulares y pérdida de protección financiera.
A tres días de que comiencen los Juegos Bolivarianos 2025, la región Ayacucho enfrenta un escenario crítico: el Estadio Cuna de la Libertad Americana, anunciado como la pieza central del evento, no está terminado, no se puede utilizar y apenas alcanza un avance del 22%. La obra, que debía convertirse en el gran legado de la gestión del gobernador Wilfredo Oscorima, no solo incumplió plazos y promesas: también está rodeada de sobrecostos, observaciones y cuestionamientos por irregularidades financieras.
Oscorima había asegurado públicamente que el estadio estaría listo en diciembre de 2025 y que contaba con “liquidez garantizada”. En su discurso de rendición de cuentas de 2024, el gobernador llegó a desafiar a críticos y opositores, garantizando que conseguiría los fondos restantes para completar los S/ 422,6 millones que finalmente costaría la obra. Pero la realidad en Ayacucho es completamente distinta: el estadio no será sede de ninguna competencia de los Bolivarianos.
La Contraloría General detectó pagos irregulares por S/ 92 millones, además de una serie de decisiones administrativas que provocaron la pérdida de protección financiera sobre el proyecto. Las advertencias no son nuevas: ya en noviembre de 2024, informes periodísticos daban cuenta de un retraso generalizado en las obras vinculadas al certamen, con infraestructura incompleta, hospedajes con goteras y elementos simbólicos sin finalizar.
Tras un año, la situación no solo no mejoró: empeoró. El estadio continúa como un esqueleto de concreto, sin instalaciones aptas para el uso deportivo. La programación oficial de los Juegos Bolivarianos 2025 tuvo que reorganizarse y reducirse drásticamente en Ayacucho. En lugar del calendario completo originalmente planificado, la región solo albergará cinco disciplinas: MTB Cross Country, Box, Taekwondo, Kickboxing y Wushu.
La paradoja es que, pese a la evidente precariedad de infraestructura, el Gobierno Regional postuló a Ayacucho como “territorio sudamericano del deporte”, una declaración pública que contrasta con la incapacidad de ejecutar el proyecto más importante de su historia reciente.
Los organizadores y delegaciones participantes han expresado preocupación ante el panorama. Si bien los Juegos Bolivarianos suelen adaptarse a las particularidades de cada país anfitrión, el incumplimiento de obras básicas afecta directamente la experiencia de atletas, entrenadores y equipos técnicos. Además, pone en evidencia la fragilidad de la gestión pública en proyectos de gran envergadura.
La población ayacuchana también manifiesta frustración. La construcción del estadio había sido presentada como una oportunidad para dinamizar la economía local, generar empleo y posicionar a la región como un destino deportivo y turístico. Hoy, con el evento a punto de comenzar, muchos comerciantes y trabajadores descubren que el impacto será limitado y que las expectativas creadas no tienen correlato con la realidad.
El fracaso del estadio se convierte así en un símbolo de una gestión que priorizó discursos optimistas por encima de lo ejecutado. Mientras los Juegos avanzan con una programación reducida y sin la infraestructura emblemática prometida, Ayacucho tendrá que enfrentar no solo el costo económico del retraso, sino también el político y social de una obra inconclusa que seguirá acumulando cuestionamientos más allá del evento.
