CRISIS – El gobierno francés declaró el estado de emergencia agrícola en varias regiones del país debido a la sequía más intensa de las últimas dos décadas. Las altas temperaturas y la falta de lluvias provocaron graves pérdidas en los cultivos de trigo, maíz y girasol, lo que amenaza con generar un fuerte impacto económico y social. Según el Ministerio de Agricultura, más del 40% del territorio sufre niveles críticos de escasez hídrica.
El presidente Emmanuel Macron anunció un paquete de ayuda de 1.500 millones de euros para los productores afectados y pidió a la Unión Europea activar fondos de emergencia. “Francia está enfrentando una crisis sin precedentes y debemos actuar con rapidez”, declaró el mandatario en un mensaje televisado.
Los expertos advierten que el fenómeno se relaciona directamente con el cambio climático y la alteración de los patrones meteorológicos. En zonas rurales del sur, los agricultores debieron sacrificar parte del ganado por la falta de agua y alimento, mientras que en ciudades como Marsella o Lyon se aplicaron restricciones severas al consumo doméstico.
La situación genera preocupación en toda Europa, ya que Francia es uno de los principales proveedores agrícolas del continente. Además, el encarecimiento de los alimentos podría intensificar la inflación en la eurozona, que ya muestra signos de desaceleración. Las autoridades francesas prometieron implementar planes de reforestación y nuevas tecnologías de riego, pero el desafío parece ir mucho más allá de una respuesta inmediata: se trata de repensar el modelo productivo en un contexto climático cada vez más imprevisible.
