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viernes, marzo 1, 2024

FORTÍN MALVINAS

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Por VGM Enrique Oscar Aguilar

𝐄𝐌𝐁𝐎𝐒𝐂𝐀𝐃𝐀 𝐀 𝐔𝐍 𝐇𝐀𝐑𝐑𝐈𝐄𝐑 – Parte III

Pero la tarea del encargado de un misil antiaéreo no es tan subalterna como la minimizaba este oficial a causa de su estado de ánimo: en primer término, el apuntador debe colocarse en el recorrido probable que seguirá el avión, de acuerdo a las características del terreno; y por otra parte debe estar de pie, sin protección alguna, para dispararle lo más de frente que pueda, ya que por la velocidad del aparato, el cohete difícilmente es guiado con buen efecto si pasa de costado: luego de los tres mil metros se torna ingobernable.

Ya con sol, a las ocho y cuarto aproximadamente, se empezó a oír un vuelo de helicópteros. En su primer momento los Comandos pensaron que eran propios, porque provenían de la dirección de Darwin-Goose Green; pero al poco rato notaron muy lejos sobre el Estrecho un aparato que sobrevolaba la zona evidentemente en misión de exploración, lo que no ocurría con los aparatos argentinos, que viajaban por el camino más corto, en forma directa.

Media hora más tarde se acercó a Shag Cove —una caleta no muy distante— y se disiparon las dudas: era un Lynx artillado, inglés. Estuvo allí un tiempo bastante prolongado y salió relativamente cerca, a unos cuatro kilómetros, pero fuera del alcance de armas terrestres.

El jefe de la Compañía se dirigió al puesto central de comunicaciones para hacer enlace con Puerto Argentino y saber si ella sería buscada. Se oyó el ruido de motores de reacción. No podía ser otra cosa que un avión enemigo, y el teniente primero Fernández pensó en el acto: “Entramos en combate”.

Miró su reloj, que señalaba las diez menos cinco minutos. Se pusieron rápido en posición, apuntando al sudeste en dirección al extremo de la bahía (cuatro kilómetros de distancia), desde una magnífica ubicación y con un amplio campo de tiro.

Cuando fue más visible, cualquier duda se esfumó: era la inconfundible silueta de un Harrier, con sus dos anchas entradas de la turbina y las alas inclinadas. Se aproximaba ligeramente oblicuo posiblemente para observar mejor la costa, y cuando se encontraba a tres mil metros, Frecha y Fernández le abrieron fuego. Los dos misiles salieron paralelos y simultáneos hacia el blanco.

El avión venía rasante sobre el agua, a veinte metros sobre la superficie, cuando bruscamente giró hacia su derecha, en dirección a la costa del frente que cerraba la bahía.

Continúa…

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