EL TEMOR CIUDADANO DOMINA LA CAMPAÑA – A días de las elecciones presidenciales, Chile atraviesa una paradoja: la inseguridad domina la campaña electoral, aunque el país mantiene niveles de criminalidad mucho más bajos que sus vecinos latinoamericanos.
De acuerdo con una encuesta de Ipsos publicada en octubre, el 63% de los chilenos considera el crimen y la violencia como su principal preocupación. El nivel de inquietud es incluso mayor que en México (59%) o Colombia (45%), donde las tasas de homicidios son más de cuatro veces superiores.
Chile figura entre los países más preocupados por la inseguridad a nivel global, según distintos estudios internacionales. El reporte de seguridad 2025 de Gallup, por ejemplo, lo ubicó en el sexto lugar de 144 países donde menos personas se sienten seguras al caminar de noche por su barrio.
“Chile es un país que está extremadamente atemorizado”, afirma Daniel Johnson, director ejecutivo de la Fundación Paz Ciudadana, en diálogo con BBC Mundo.
“Tenemos los índices más altos de temor a ser víctimas de delitos del mundo, pero estamos lejos de ser el país con el mayor problema por crimen y violencia”.
Un temor que crece más rápido que los delitos
Aunque la tasa de homicidios se ha duplicado en una década, alcanzando los 6 asesinatos cada 100.000 habitantes, Chile continúa muy por debajo del promedio regional.
Sin embargo, el temor social se ha disparado, especialmente entre las mujeres y los sectores más vulnerables, según los relevamientos de la Fundación Paz Ciudadana.
Johnson explica que el aumento de la inmigración, los delitos violentos y la presencia de organizaciones delictuales extranjeras, como el Tren de Aragua, han influido en la percepción ciudadana.
Aunque los delitos asociados a estos grupos son minoritarios, su alto nivel de violencia genera un impacto emocional y mediático que multiplica la sensación de inseguridad.
Desconfianza institucional y política en campaña
La creciente desconfianza en las instituciones también alimenta el miedo.
“El sistema entra en un círculo vicioso: cuando las personas sienten que no las protegen, dejan de denunciar; eso reduce la capacidad de respuesta del Estado y el sistema pierde legitimidad”, señala Johnson.
En ese contexto, todos los candidatos presidenciales han incorporado la seguridad como eje central de campaña, aunque con enfoques diferentes:
- Los sectores de derecha priorizan medidas de control y endurecimiento policial.
- Mientras que la izquierda, históricamente más centrada en políticas sociales, intenta ahora fortalecer la institucionalidad con reformas estructurales.
El gobierno de Gabriel Boric, agrega el especialista, reaccionó de manera pertinente, impulsando la creación de un Ministerio de Seguridad y un sistema de coordinación entre distintas áreas del Estado.
Pero reconoce que las soluciones de fondo —como la prevención temprana o la reinserción social— quedan relegadas ante la urgencia de mostrar resultados rápidos.
Inseguridad, migración y campaña electoral
La preocupación por la inmigración también se ubica entre las más altas del mundo: un 40% de los chilenos la considera un problema central, según Ipsos.
Si bien no se ha demostrado una relación directa entre inmigración y aumento delictivo, Johnson advierte que ciertas tipologías del crimen organizado —como la trata de personas, las extorsiones o los secuestros— involucran tanto a extranjeros victimarios como víctimas.
Los discursos electorales, dice, tienden a exacerbar el sentimiento de temor.
“Cuando la principal preocupación de la gente es la seguridad, quien proponga soluciones más inmediatas gana terreno. Es esperable que los candidatos usen ese tema para captar votos”, sostiene.El debate, así, se polariza: mientras unos prometen mano dura y encarcelamiento, otros apuestan por reformas de largo plazo.
Pero todos coinciden en un punto: Chile, aunque sigue siendo uno de los países más seguros de América Latina, vive una crisis de miedo que se instaló en el corazón de su política.


