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lunes, diciembre 15, 2025
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    África podría dividirse en dos y dar origen a nuevos océanos: qué dice la ciencia sobre las grietas que avanzan bajo el continente

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    La Tierra cambia constantemente, aunque la mayor parte del tiempo lo haga a un ritmo tan lento que resulta imperceptible para la humanidad. Sin embargo, los procesos geológicos en curso en África están captando la atención de la comunidad científica internacional. Dos grandes fracturas continúan ampliándose y, según los especialistas, podrían desembocar —dentro de millones de años— en la formación de dos nuevos océanos.

    El colosal Rift de África Oriental

    Una de las grietas más impactantes es el Rift de África Oriental, que se extiende más de 3.500 kilómetros desde el mar Rojo hasta Mozambique. Este sistema de fallas y valles marca la separación progresiva de dos placas tectónicas: la placa Somalí, que se desplaza al este, y la placa Nubia, que representa la mayor parte del continente.

    El proceso no es nuevo. Comenzó hace 35 millones de años con la separación entre Arabia y el Cuerno de África, y luego se extendió hacia el sur alcanzando Kenia. Los movimientos son extremadamente lentos —apenas unos milímetros por año—, pero suficientes para confirmar que África se encuentra en plena etapa de fragmentación.

    La geóloga Cynthia Ebinger, de la Universidad de Tulane, explica que la velocidad del proceso es similar a la del crecimiento de las uñas de los pies. En términos geológicos, ese ritmo es significativo y permite anticipar una división que, en un futuro remoto, podría aislar a países como Somalia, Eritrea, Yibuti, Etiopía, Kenia, Tanzania y Mozambique.

    ¿Ruptura total o rift fallido?

    El avance del rift no es uniforme. Algunas zonas, como las que atraviesan Etiopía y Kenia, presentan evidencias de haber sido “rifts fallidos”, es decir, fracturas que iniciaron el proceso de separación pero que no terminaron convirtiéndose en cuencas oceánicas. Otras, como el segmento que va de Uganda hasta Malaui, siguen activas.

    El geocientífico Ken Macdonald, de la Universidad de California, sostiene que aún es imposible predecir si esta fractura logrará abrir un océano como el mar Rojo o incluso uno más grande. “No sabemos si continuará al ritmo actual, si podría acelerarse, o incluso frenarse”, detalla.

    La mirada desde el espacio

    Mediciones satelitales y datos GPS confirmaron que el Rift de África Oriental no solo se expande de norte a sur, sino también hacia los laterales. Esta información es clave para comprender la compleja dinámica de la litosfera africana, una corteza que se ha adelgazado con el tiempo, perdiendo rigidez y facilitando la aparición de nuevas fracturas.

    Según la investigadora Lucía Pérez Díaz, estas fisuras representan la etapa inicial de una ruptura continental. Si el proceso tiene éxito, con el paso del tiempo se formaría una cuenca oceánica donde hoy se alzan extensas regiones habitadas.

    La actividad volcánica de la región —con montañas icónicas como el Kilimanjaro— también se explica por la presencia de un “superolaje africano”, una columna de manto caliente que asciende desde el interior del planeta, debilita la corteza y alimenta la actividad magmática.

    El otro rift: el golfo de Suez

    Mientras el este de África avanza hacia una posible división continental, en la frontera natural entre África y Asia ocurre algo similar, aunque a una escala menor. Durante años se creyó que el rift del golfo de Suez se había detenido, pero investigaciones recientes demostraron que continúa abriéndose a unos 0,5 milímetros por año.

    El geólogo español David Fernández-Blanco analizó más de 300 kilómetros del área y detectó evidencias inequívocas de actividad tectónica: ríos desviados por levantamientos, fallas recientes y antiguos arrecifes de coral hoy elevados varios metros por encima del nivel del mar.

    Un planeta más vivo de lo que imaginamos

    Estos hallazgos obligan a replantear la idea de que ciertas fracturas “ya no avanzan”. Las nuevas mediciones demuestran que incluso los rifts considerados inactivos pueden seguir moviéndose lentamente. El impacto no es solo académico: entender estos procesos es fundamental para elaborar mapas más precisos de riesgo sísmico.

    En el caso africano, el proceso tomará millones de años, pero ya transforma el paisaje y redefine el futuro geológico del continente. Si los escenarios más probables se concretan, la Tierra podría sumar dos nuevos océanos, abriendo un capítulo fascinante de la evolución planetaria.

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